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Full text of "Los herederos de Simón Bolívar al público"

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LOS HEREDEROS 



r¡t Súnon Bolívar 



No sin mucha repugnancia nos resolvemos á invocar 
por la prensa el juicio imparcial de la opinión pública ; 
porque el solo nombre de herederos de los cortos bienes que 
testó Bolívar, expondrá quizas á la ventura, como otras 
veces, la causa mas justa, y los derechos mas incontesta- 
bles. Tal es la azarosa situación á que nos vemos reduci- 
dos, cuando ni el silencio y obscuridad á que voluntaria- 
mente y por cálculo de seguridad nos hemos condenado, 
han podido sustraernos de la injusta y constante persecu- 
ción que hacen ya once años sufrimos. Hubo un tiempo 
en que podíamos considerarnos con derechos iguales á los 
demás venezolanos, pero por mas de dos lustros, nos cree- 
mos en estado de inmigración, sin hogar, sin patria, sin 
dioses penates, y sin ninguno de los goces políticos de que 
disfrutan los demás venezolanos ; porque aunque ningún 
acto legislativo ni judicial nos ha privado de estas precio- 
sas prerogativas, en el hecho nos vemos destituidos de 
ellas. La justicia, parece, nos ha ocultado su rostro con- 
solador, ó que cuando nos acercamos á su santuario, al 
recuerdo solo de Bolívar, cae de sus manos la balanza con 

LIBRARY r * 



2 
que pesa las acciones humanas. Ominosa situación sin 
duda, cuyo término no podemos ni aun fijarlo en el sepul- 
cro: no han sido dignas de tenerlo en su pais natal las ce- 
nizas del Libertador y fundador de tres repúblicas ! 

Sin embargo, como en todos los pueblos que viven en 
sociedad hay hombres rectos, amantes de la verdad, y 
guiados por la razón sea cual fuere el sistema de gobierno 
que los rija; y hasta en medio de la misma anarquía; no- 
sotros apelamos á ellos, porque ellos son los que en todas 
las sociedades forman el verdadero criterio público, y la 
conciencia nacional. Expondremos pues sencillamente los 
hechos á que vamos á contraernos: juzgará el público : 
su pronunciamiento nos sirve desde ahora de consuelo. 

El uno de estos hechos lleva ya el carácter de la cosa 
juzgada, y cuyo sello lo estampó la injusticia, con su ma- 
no de hierro para el desvalido, de cera para el poderoso é 
influyente: es el que sigue. Ante el tribunal de comercio 
se presentó la solicitud de Sebastian Mier y Teran, con- 
tra los herederos de Pedro Machado por la suma de 5000 
pesos fuertes y sus intereses, valor de una libranza girada 
por Simón Bolivar cuando estuvo de enviado en Londres 
el año de 1810, á favor del general Miranda ; Machado la 
aceptó, y después de varios endozos Miranda la recogió; 
y al hacerse de ella no cabe duda, que la obtendría de los 
endozatarios después de haberse arreglado con ellos, se- 
gún los usos mercantiles; pues de otro modo los mismos 
endoza taños habrian retenido esta única prenda ó garan- 
tía de sus acciones para dirigirlos contra el librador, ó el 
endozante. Así es que por una declaración judicial de D. 



! 



3 

Isidoro López Méndez consta que volvió la libranza al 
poder de Miranda, y existia entre sus documentos cuan- 
do á la entrada de Monteverde en esta capital sorprendie- 
ron y se apoderaron de los papeles de aquel general. La 
superchería española se aprovechó de este hallazgo, y un 
insular de influjo entonces obtuvo poder del último endo- 
zante, con el cual' se presentó á cobrar; sin embargo el 
asunto quedó entonces sin movimiento alguno, quizas por- 
que se encontró con jueces mas rectos; un silencio pro- 
fundo han guardado los que con torpes intenciones se pre- 
sentaron en 1834 á reclamar el valor de la letra, cuando 
ya no existían, el librador Bolivar ; el endozante Miranda; 
el aceptante Machado; ni el declarante López Méndez, y 
quizas ninguno de los endozatarios ; pero sí existian las 
cenizas inhumadas de Bolivar, cuyos sucesores debian ar- 
rastrar el reato de haber sido él mismo quien colocó en la 
silla de Astrea á los que debian proscribirle y condenar al 
desprecio y á la mas atroz rabia á su desgraciada fami- 
lia. (*) 

En efecto esta fué condenada al pago del valor de la li- 
branza ; pero como esta sola suma no llenaba ni la ansie- 
dad de los cobradores, ni mucho menos aplacaba su ven- 



(*) La demanda se siguió con tesón contra los herederos de Ma- 
chado hasta que un abogado de chicana pidió por aquellos la evi- 
siony saneamiento del que él llamaba un contrato común; como si 
las letras de cambio no tuviesen un fuero especial y leyes espe- 
ciales por donde resolvéis todas las acciones que pueden produ- 
cir. Con esta artería forense se llamó ajuicio á los bienes de Bo- 
livar; y de este modo singular y por estas torpes vias, nosotros he- 
mos sido «ompelidos á tomar parte en el negocio á los 25 años de 
iniciado.! Y á desembolsar 9 mil pesos de que una parte irá á au- 
mentar los 80 mil que por iguales arbitrios dicen ha atesorado yal 



4 

ganza por el odio que nos profesan, obtuvieron del tribu- 
nal mercantil que la condenación se extendiese hasta el 
pago de los intereses desde el dia en que murió Bolivar ; 
de suerte que deberemos desembolzar por este solo res- 
pecto sobre 3000 pesos. No creemos que en los anales ju- 
diciales se encuentre una decisión que, agrega á lo injusto 
y aun monstruoso las marcas, ó de una ignorancia suma, 
ó de una malevolencia, tanto mas cruel, cuanto que es 
impune. Ella es injusta porque la libranza no ha sido pre- 
sentada dentro del término prefijo de cuatro años que pres- 
cribe el número XXIX del capítulo XIII de las ordenan- 
zas de Bilbao elevadas al rango de ley para la república, 
por el artículo 73 de la novísima de 2 de Mayo de 1836 
sobre los juicios mercantiles, ninguno de los requisitos que 
exige aquella disposición consta se hayan practicado, y no 
obstante á los 26 años somos condenados á pagar por se- 
gunda vez una cantidad que fué invertida en el servicio 
de la patria. ¡ Escándalo judicial, egemplo único en las 
causas de comercio que solamente ha podido tener lugar 
contra nosotros! 

Pero lo que mas choca y aun espanta á la razón es que 
la sentencia fija el tiempo en que debia empezar á correr 
los intereses, sobre el valor de la letra desde la muerte de 
Bolivar; y este solo rasgo de la omnipotencia de los jue- 
ces basta para convencer hasta la evidencia que estos mis- 
mos sentían que Bolivar no era responsable de tales inte- 
reses, i Y porqué no debería serlo desde que la libranza 
no fué pagada con oportunidad ? Luego parece indudable 
que este término que designan las leyes y la práctica mer- 



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cantil no se fijó en la sentencia, porque, como así es, lio 
consta del expediente ninguna prueba, ningún documento 
que demostrase que la letra habia corrido por los trámites 
y requisitos legales que se exigen en tales transacciones, 
JEsta deducción es muy natural y obvia y atrae sobre los 
jueces la reprobación de su ligereza, de su ignorancia ó 
de su parcialidad. } Sube al mas alto grado de arbitrarie- 
dad la fijación de la época de la muerte de Bolívar, para 
el ajustamiento y pago de los intereses; y si el Libertador 
hubiera muerto en San Mateo, la Puerta, Carabobo, cuan- 
do esgrimia su espada y esponia su vida por la salvación 
de la patria ¿ desde entonces debian empezar á correr los 
premios ? Y si los demandantes hubieran diferido su co- 
bro judicial, para el año (por egemplo) de 1850, contando 
de 1813 ¿deberían entonces embolzar según el fallo de 
los jueces 27 años de premios aumentando por este medio 
la deuda á una enorme cantidad y reduciéndonos á la 
mendicidad ? ¿ Cual es la ley, cual el principio de justicia 
y de razón, en que ha podido apoyarse una decisión, tan 
monstruosa, tan peregrina 1 No puede haber otra razón 
que política, de una política de odio, de persecución y de 
terror. 

OTRO CASO. 
Mas ya es tiempo de que el público contraiga su aten- 
ción á otro hecho que en el tribunal mercantil se prepara 
contra nosotros, porque la avaricia es infatigable y el odio 
que se nos tiene aun mas implacable. Vamos á hacer una 
breve reseña, de este nuevo ataque á nuestras propieda- 
des, contraída exactamente á los documentos que obran 



6 

efl el caso. Se ha presentada un reclamo contra nosotros 
bajo la procúratela de Matias Gonzales, por el cobro de 
capital é intereses del valor de una letra segunda de cam- 
bio, cuyo tenor es el siguiente : 

[ 4 Londres 14 de Setiembre de 1810.' — Libras 450 ester- 
u linas. — A diez dias vista sírvase U. pagar por esta se- 
ll gunda de cambio (no siéndolo por la primera ni tercera) 
u á la orden de D. Francisco Gonzales de Linares la can- 
tt tidad de cuatro cientos cincuenta libras esterlinas al cam- 
u bio corriente entre Caracas é Inglaterra, en moneda me- 
(¿ tálica, valor recibido del Sr. D. Andrés Longhman. — 
t , Simón Bolivar. — A D. Pedro Machado. : — Caracas." — 
Al reverso se lee : u Pagúese á la orden del Sr. D. Fran- 
cisco Gonzales de Linares, valor en cuenta. — Londres di- 
cho dia. — Andrés Longhman. 1 ' 

Esta libranza fué presentada al Sr. Machado en 6 de 
Abril de 1813 en el puerto de la Guayra estando preso en 
las bóvedas, por el Sr. Lescamendi, encargado de Linares, 
sin tener poder bastante ni endozo á su favor; y requerido 
Machado para su aceptación, contestó que no tenia fon- 
dos de Bolivar, pues aunque los tuvo, habia liquidado sus 
cuentas con él y entregádole sus intereses. A solicitud de 
Linares ante Monteverde, en 23 del mismo Abril, se vol- 
vió á requerir judicialmente á Machado, por el reconoci- 
miento y aceptación de la letra, y ratificó lo que habia 
contestado, cuándo aquella se le presentó por Lescamen- 
di. Pretendió luego Linares en 24 de Mayo siguiente que 
se nombrase defensor á Bolivar ; así se acordó ; se, requi- 
rió á aquel; no compareció, y volvió á instar Linares en 



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10 de Diciembre de 1814 por el nombramiento de defen- 
sor; y por último se -resolvió que estando dispuesto por 
orden general de 17 de Agosto de 1815 la confiscación de 
los bienes de Bolivar, se pasase el expediente á la inten- 
dencia, como se verificó. oxi 

Tal fué el curso (Je este negocio y desde» entonces no se 
ha dado paso alguno, hasta ahora (es decir, á los 21 años), 
que se ha presentado al tribunal mercantiU el citado Ma- 
tías Gonzales con poder de Sebastian Mier y Teran, co- 
brándonos el valor de la libranza y sus premios. Este nue- 
vo choque á nuestras propiedades, carece mas que el otro 
de todo fundamento legal, contradiciéndolo y condenán- 
dole como injusto, el número XIX de la ordenanza de 
Bilbao, que trascribiremos á la letra para que el público 
asegure su juicio y opinión. Dice así: 

XIX. 

u Habiendo los tenedores de letras, cumplido con sacar 
u los protestos acostumbrados, en tiempo y en forma, se- 
u gun los términos expresados (ya sea por falta de acep- 
tación ó ya de pagamento): se ordena que en caso de 
u protestarse por falta de aceptación, estará obligado el 
¿¿ tenedor de la letra, á dar noticia con remisión del pro- 
\ t testo, á la parte por quien le fué enviadavú otro: cual- 
ti quiera que fuese, comprendido en ella á su elección; re- 
u teniendo la letra en su poder, hasta que se halla cum- 
u plido su término; y si entonces la volvieré á protestar 
l¡ por falta de pagamento, la deberá remithyjunto con el 
u segundo protesto dentro de otros tales términos, conta- 
u dos desde el dia, en que así fuere protestada, regulados 



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t; respectivamente según va expresado por cada reyno ó 
u provincia." Ninguno de los requisitos que ordena la dis- 
posición preinserta se ven cumplidos ni observados en el 
negocio en cuestión. 

1. ° La letra no fué presentada á Machado sino el 6 de 
Abril de 1813, es decir, á los dos años 7 meses y 22 dias 
xle su fecha, que fué el 14 de Septiembre de 1810. 

2. ° De consiguiente se dilató la presentación de la le- 
tra á Machado dos años y cinco meses después de cum- 
plidos los 60 dias sobre los diez fijados por la misma li- 
branza, en conformidad á los plazos establecidos para los 
paises ultramarinos en el número XII de dichas orde- 
nanzas. 

3. ° Tampoco se presentó la letra sino por un agente 
encargado de Linares, sin poder ni endozo. 

4. ° El tenedor de la letra no solicitó, entre los comer- 
ciantes de la Guayra ó Caracas, eoctrajudiciálmente, saber 
si alguno la quería pagar, por el protestado 6 por el honor 
de alguna de lasjirmas que contenia : circunstancia que re- 
quiere el número XVIII de las mismas ordenanzas. 

5. ° No se hizo protesto alguno de la enunciada letra 
por falta de aceptación, ni consta se haya dado noticia 
con remisión del protesto á la parte por quien le fué en- 
viada á Linares. 

6.° en fin. El cobro de la letra ante el tribunal com- 
petente no ha empezado á tener lugar sino á los 26 años 
de girada, desnuda de toda formalidad y de aquellos re- 
quisitos que las ordenanzas vigentes prescriben como in- 
dispensables, para evitar los fraudes y la mala fe. 



9 

La solicitud de Linares se entabló para el reconocimien- 
to de la letra y su aceptación por Machado, ante el co- 
mandante general Monteverde, quien la sometió, á la in- 
tendencia que conocía de todas las causas de confiscación 
en que fueron incluidos los bienes de Bolívar- Bien sabido 
es el principio legal de que la confiscación no podia tener 
lugar, con perjuicio de acreedores legítimos. Y sobre es- 
tos datos l quien podrá asegurar que Linares no fué paga- 
do por disposición de la propia intendencia? (*) No se nos 
arguya con que no aparece el decreto de esta autoridad 
para ello, porque cuando Bolivar era, según los españoles, 
el gefe de los insurgentes, que aquellos dominaban el pais ; 
y que Linares egercia en la capital un gran influjo, muy 
fácil le habria sido hacer que no pareciese semejante dis- 
posición. 

Con todo, sean cuales hubiesen sido los pasos y resor- 
tes de que se haya valido Linares en aquel tiempo para 
cobrar la letra, ninguno de ellos fueron legales, ni pueden 
perjudicar nuestras acciones y derechos, porque el cobro 
de ninguna letra de cambio no puede entablarse judicial- 
mente mientras no se presenten con ella los protestos por 
falta de aceptación ó pagamente y todas las demás diligen- 
cias prevenidos en la ordenanza de Bilbao y mucho me- 
nos puede tener lugar una demanda tan inoportuna, por- 
que el número XIX de dicha ordenanza expresamente 
fija por término fatal para la validez de las acciones del 

(*) Durante la mansión de! general Bolivar en esta capital, tam- 
bién tuvo frecuentes ocasiones para arreglar la letra; puesto que 
fué comisionado por él para cangear los prisioneros con Monte- 
verde el año de 1813. 



10 

tenedor de una letra de cambio al plazo de 4 años en el 
siguiente período. (í Y egecutando esta diligencia podrá el 
tenedor continuar si quiere las diligencias contra el aceptan- 
te, y tendrá derecho dentro de 4 años de recurrir contra el 
dador ó endozante y cualquiera in solidum, pero no de otra 
suerte, ni pasados 4 años." Y si esta estricta formalidad 
debe observarse para cobrar al aceptante, con mayor ra- 
zón debe seguirse y sujetarse á la misma regla, el cobro 
contra el dador ó endozante, por falta de aceptación. 

Sobre estos claros y terminantes preceptos legales es 
que fundamos nosotros la resistencia que sostendremos 
ante el tribunal para pagar una suma de que no somos ni 
debemos ser deudores. Otro fallo de los jueces de comer- 
cio dando al travez con la justicia que nos asiste, é invo- 
camos, podrá condenarnos á engrosar la bolsa de Mier y 
Teran ; pero el público conocerá entonces la mayoría de 
los hombres que forman el jurado mercantil y pronuncia- 
rá contra los acérrimos perseguidores de 

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Caracas : Imprenta de A. Damíron. — 1837. 



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